INTERVENCIONES TERAPÉUTICAS DEL HABITAT

ALQUIMIA INTERIOR Y TRANSFORMACIÓN

 

 

     
 

 

“Al crecer el conocimiento científico, nuestro mundo se ha ido deshumanizando. El hombre se siente aislado en el cosmos, porque ya no se siente inmerso en la naturaleza y ha perdido su emotiva ‘identidad inconsciente’ con los fenómenos naturales. Estos han ido perdiendo paulatinamente sus repercusiones simbólicas. El trueno ya no es la voz de un dios encolerizado, ni el rayo su proyectil vengador. Ningún río contiene espíritus, ni el árbol es el principio vital del hombre, ninguna serpiente es la encarnación de la sabiduría, ni es la gruta de la montaña la guardia de un gran demonio. Ya no se oyen voces salidas de las piedras, las plantas, los animales, ni el hombre habla con ellos creyendo que le pueden oír. Su contacto con la naturaleza ha desaparecido y, con él, se fue la profunda fuerza emotiva que proporcionaban las relaciones simbólicas” (Jung, El hombre y sus símbolos, 1964, p. 92).

Después de 10 años de una rigurosa formación académica en el área clínica y de una rica experiencia en el trabajo psicoterapéutico, he concluido, desde mi cosmovisión, que la enfermedad tiene su génesis en la desconexión y en la falta de comunión con el entorno y con el sí mismo. Cuando se ha perdido este diálogo con los elementos fundamentales que constituyen la identidad y su propósito trascendental, se genera una alarma, una señal de advertencia. Esto se manifiesta desde una crisis existencial hasta la emergencia de sentimientos reiterados de preocupación. Los síntomas son variados e incluyen desde la enfermedad física o psicosomática hasta los trastornos de ansiedad, del sueño, del estado de ánimo y de la personalidad.

Todo lo que ocurre comunica, todo lo que el cuerpo y la psiquis realizan son mensajes desde el alma. En el trabajo psicoterapéutico, trabajo con estos símbolos, los cuales son un vehículo para múltiples significados que se desprenden de las relaciones, los afectos, los pensamientos, las sincronías, las coincidencias y los sueños. Mediante la interpretación de estos eventos se devela una trama que explica el origen, el lugar donde todo comenzó.

Cuando esta verdad interior sale al exterior y queda enraizada en la conciencia, es difícil hacer oídos sordos e ignorarla. Comienza entonces, un proceso de transformación trascendental, que hace que la vida florezca en un lugar donde no hay espacio para el estancamiento y donde los desafíos aparecen para hacer de uno mismo un “Héroe”, el protagonista de la única historia cuyo desenlace glorioso depende de usted: su vida.

Este proceso, que acontece en un escenario cotidiano, nuestra casa, es el lugar que contiene las cicatrices, los recuerdos y los vestigios de toda nuestra historia. Es por esto, que intervenir el espacio resulta un apoyo fundamental para ir consolidando los cambios que reflejan nuestra verdad interior y que a su vez, hace de un nuevo escenario para el logro de nuestra misión trascendental.

Como psicólogo ambiental y enfocado en esta dimensión clínica e intrapsíquica sobre la cual influye el ambiente, hago hincapié en el “escenario”, espacio o plataforma donde esta conducta desadaptada se gesta, desarrolla y expresa. El lugar donde ha emergido la identidad o donde se ha sostenido cómodamente en el tiempo.

El espacio guarda una relación íntima con la identidad, en la medida en que vamos creciendo vamos incorporando cualidades del espacio a nuestra autodefinición e identidad, por ejemplo, en la dimensión física del espacio incorporamos a la identidad cualidades como: alto o bajo, ancho o delgado, claro u oscuro, grande o chico, angular o curvo, colorido o desabrido, etc., también incorporamos significados que se desprenden de la dimensión social del espacio en el que estamos insertos: dependiente o independiente, social o retraído, amigable o distante, extrovertido o tímido, expresivo o parco, hermanable o egoísta, asertivo o agresivo. Incorporamos igualmente, elementos simbólicos del clima o cultura donde habitamos por ejemplo: alegres o depresivos, dinámicos o rígidos, cálidos o fríos, expresivos o inhibidos, extravagantes o sencillos, abundantes o tacaños, suaves o áridos, sensuales o austeros. También incorporamos significados socialmente construidos y compartidos de acuerdo al entorno social y físico en el que crecemos, por ejemplo, nos sentimos de una casta en la cual hemos congeniado que “somos”: educados o ignorantes, inteligentes o tontos, cultos o incultos, refinados u ordinarios, bellos o feos, saludables o enfermizos, ricos o pobres, admirables o insignificantes, especiales o comunes, románticos o racionales, etc. Hay muchísimos ejemplos más e imagino que a estas alturas ya comprenden la idea.

El espacio no es sólo un conjunto de elementos físicos, es igualmente social y simbólico, inexorablemente, y de esta manera, cuando usted analice el lugar donde vive ya sea un lugar nuevo o el de hace 30 años, advertirá que hay algo que ha permanecido igual, incluso que arrastra desde su infancia, desde esa casa y barrio donde usted creció.

Por esto que ocurre casi sin que lo advirtamos, es que el espacio se transforma en un reflejo de su identidad, ya que refleja quien usted es y a su vez, usted lo transforma en un lugar que lo representa usted, tiene un halo conmemorativo y simbólico, tanto en sus objetos decorativos como en las actividades ahí desarrolladas.

Cuando no estamos satisfechos con lo que hemos logrado, con como nos resultan las cosas, en quienes nos hemos transformado, ¿no es acaso esto una insatisfacción con una parte de nuestra identidad? Pues lo es y seguramente su casa o lugar de trabajo, impregnado de usted, se lo recuerda, refuerza y sostiene diariamente, sea esto positivo o negativo. De esta manera, usted alcanza un sentido de estabilidad y permanencia, algo fijo y perdurable que es su identidad, la cual se expresa a través de su personalidad (un patrón de conducta) comportándose de igual manera en el mismo escenario diario: su casa, oficina, barrio o ciudad.

Las intervenciones psico-espaciales entran precisamente una vez desentrañada esta lógica ¿qué significados yacen a su alrededor? ¿Cuáles recrea a diario en su espacio? ¿Cuáles son saludables? ¿Cuáles contribuyen a sostener su insatisfacción?. Le aseguro que será mucho más fácil para usted cambiar si los símbolos y significados que lo rodean se asemejan más a lo que usted necesita y desea ser, antes que a lo que ya no quiere ser, aunque sea a nivel preconciente.

A veces para cambiar y lograr esta alquimia interior, es necesario apoyar igualmente la transformación con un soporte externo, algo que apoye este arduo trabajo al que tanto se resisten los seres humanos: cambiar. Es para esto y en virtud de la transformación y la alquimia interior que he integrado estas disciplinas y así, ofrecer la asesoría en administración terapéutica del espacio individual o familiar, para acceder a una terapia continua y estable en su propio hábitat.

 

 


 

 

 

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